¿Es “revolucionario” el béisbol cubano?

La actual etapa de la pelota cubana es conocida generalmente como “béisbol revolucionario”. Pero, ¿en verdad podemos llamarle “revolucionario” -en el sentido etimológico de la palabra- a estos últimos 48 años del pasatiempo nacional en la Isla?

¿Hasta dónde resulta cierta esa inmensa mitificación del deporte nacional en este período? ¿Cuánto se ha mentido y se ha falseado al respecto? No obstante, ¿resulta objetivo afirmar que el baseball cubano está en crisis o en decadencia?

Discutamos.

La primera gran manipulación de la Revolución en este tema fue proyectar la imagen de que la pelota cubana surgió con ese proceso histórico en 1962. A las generaciones nacidas después del triunfo se les inculcó la percepción de que el profesionalismo había significado algo muy perjudicial, injusto y execrable para el deporte nacional hasta el punto de que se llegó a borrar miserablemente todo vestigio de ese ciclo en la prensa, la radio o la TV.

Hoy más que nunca se nota el efecto de esta infame política, cuando muchos cubanos sólo hablan y conocen de la Serie Nacional, o la Selectiva, como si esto fuera lo único que ha existido en materia histórica de la descomunal leyenda de esta disciplina en Cuba.

En cambio, se encubre la verdadera génesis del nacimiento de las Series Nacionales con aquella burda, y ya manoseada frase, del triunfo de la pelota libre sobre la pelota esclava. Lo cierto es que la transición de la pelota profesional a la “aficionada” fue una etapa dolorosa y cruel que obligó emigrar a la flor y nata de los mejores peloteros en ese inicio de los años 60.

Al cancelarse la Liga invernal se les permitió a los jugadores elegir si querían continuar con sus carreras profesionales o integrarse al nuevo sistema. Pero, lo que no se cuenta es que a quienes desearon seguir sus proyectos de trabajo se les impuso la disyuntiva del sí con la condición de abandonar su patria para siempre. Quien dude lo contrario de esta afirmación que se lo pregunte a Luis Tiant Jr., Tany Pérez, Tony Oliva, Bert Campaneris, Mike Cuéllar, etc, etc.

La otra gran metáfora es la evocación casi épica que se ha engendrado de las primeras estrellas de la Serie Nacional. Pareciera que, gracias a la “obra revolucionaria” en estos asuntos, fue que se desarrollaron aquellos peloteros, cuyas célebres actuaciones rápidamente le impregnaron gratas memorias a la vida de los fanáticos de esos tiempos.

Lo cierto es que las luminarias de los 60 eran peloteros hechos y derechos cuando despegó la I Serie Nacional, y quienes por diversas razones no habían podido elevar sus carreras hasta el estatus profesional. Casi todos provenían de importantes organizaciones amateurs como la Liga Pedro Betancourt (Pedro Chávez, Urbano González, Fidel Linares, Erwin Walters, Isidro Borrego), Liga Azucarera (Miguel Cuevas, Manuel Alarcón, Aquino Abreu, Modesto Verdura), Liga de Quivicán (Antonio Ñico Jiménez) o la Liga Nacional de Baseball Amateur (Alfredo Street, Ricardo Lazo, Jorge Trigoura), entre otros muchos.

De hecho, la maquinaria propagandística le tomó el gusto a la exageración sobre las “difíciles” condiciones de los peloteros cubanos antes de la Revolución, aunque paradójicamente (y sin el ánimo de obviar todos los matices que implica la palabra “difíciles”) Miguel Cuevas confesaba en su entrevista para el libro “El alma en el terreno”, de Leonardo Padura y Raúl Arce, que le pagaban 75 pesos mensuales por jugar para el equipo del Central Preston en la Liga Azucarera allá por 1955.

Lo contradictorio es que, en una época en que el peso cubano tenía el mismo valor adquisitivo del dólar y los precios eran muy inferiores a los actuales, Cuevas devengaba en un mes lo que prácticamente gana hoy (al cambio dólar-peso-CUC), un beisbolista (no miembro de la selección nacional) durante los cinco meses que se prolonga el torneo regular. Sería redundante e innecesario entonces comparar lo que ingresaba un pelotero del circuito profesional contra otro de la presente Serie Nacional (incluidos los del equipo olímpico).

Pese a todo esto, probablemente muchos no lograron discernir las genuinas intenciones de la Revolución respecto al béisbol cuando, en el prólogo de la Guía Oficial de 1968 se expresaba descarnadamente que: “De más está decir que nuestro máximo organismo deportivo jamás ha tomado en consideración ni las concurrencias ni la nivelación de un torneo, ya que su máximo interés siempre ha radicado en el desarrollo de atletas…”

Bastaría sólo agregarle, “para usarlos en beneficio de la propaganda ideológica del sistema político de la Revolución”. Este es el detalle que, quizás en el típico apasionamiento cubano, en ocasiones pasa entreverado cuando se lanzan las ya usuales sentencias de que la pelota nacional sufre su peor crisis, o se encuentra en decadencia total.

La pelota cubana siempre ha estado en crisis después de 1962. Y cuando digo en crisis, no se trata de despreciar los 18 títulos consecutivos que Cuba ganó en Copas Mundiales entre 1961 y 2005. Ni siquiera me refiero a los tres oros olímpicos entre 1992 y 2004, o a las innumerables victorias en Juegos Panamericanos y Centroamericanos.

Mucho menos intento demeritar la “ratificación” como potencia internacional en esta edad, aunque falsamente se nos vende como “un logro alcanzado por el béisbol revolucionario”. Sin embargo, este magnífico embuste se puede deshacer fácilmente con los siguientes datos:

– Entre 1939 y 1953 Cuba ganó 7 Copas Mundiales de las 10 en las que participó, con 88 victorias y 21 derrotas (incluida la de 1950, que le fue otorgada a la mayor de las Antillas porque el elenco de Puerto Rico quedó descalificado al comprobarse que había usado jugadores profesionales en el certamen).

– Entre 1949 y 1960, Cuba cosechó 7 de las 12 coronas puestas en disputa en las Series del Caribe, con 51 éxitos y 20 reveses.

– Entre 1926 y 1959, Cuba acumuló 5 medallas de oro en 6 de los Juegos Centroamericanos en que compitió la escuadra nacional, con 34 ganados y 6 perdidos.

– En 1951, Cuba ganó los I Juegos Panamericanos (no participó en los de 1955 y fue cuarto lugar en 1959), con un total de 8 triunfos y 5 fracasos.

Por piedad, 20 títulos de 30 posibles, y 181 victorias contra 52 derrotas en apenas 20 años. Con tales cifras alguien pudiera sospechar que siempre fuimos muy poderosos en la arena mundial. Pero, esto no ha sido lo peor, sino las tergiversaciones cometidas para distorsionar una verdad tan pesada como el plomo: salvo la Serie del Caribe, todos estos torneos fueron ganados por verdaderos peloteros aficionados.

Los equipos Cuba, por esas fechas, se integraban en su mayoría con jugadores de la Liga Nacional de Baseball Amateur y se completaba con otros de cualquiera de las organizaciones de esa categoría (Ligas Sociales u Obreras) que abundaban en la Isla. Las mejores estrellas, las figuras de primer nivel, nunca participaban en un equipo nacional por estar firmadas por clubes de la Liga Profesional o de las Grandes Ligas.

Y es que, cuando digo crisis, lo que pretendo es cuestionar por qué los torneos cubanos después de 1962 se han modificado hasta el infinito en cuanto a formato de juego, total de partidos, estructuras de los Playoffs, esquemas de expansiones, contracciones y desapariciones de equipos, incluidas las adiciones y sustracciones de Series Selectivas, las Copas Revolución o las Súper Ligas…

Cuando digo crisis, es indagar por qué los fanáticos cubanos han padecido la inexistencia de publicaciones periódicas, enciclopedias, guías, estadísticas y revistas especializadas en estos casi 50 años…

Cuando digo crisis, es esclarecer por qué no existen postalitas de peloteros cubanos después de 1962, banderines, pines, gorras o cualquiera otra memorabilia coleccionable…

Cuando digo crisis, es desentrañar la ineptitud, o el temor, de los directivos oficiales de gestionar seriamente el derecho de la pelota cubana de volver a competir en la Serie del Caribe…

Cuando digo crisis, es preguntar dónde está el demandado Salón de la Fama del Baseball Cubano que fue instituido por la Liga Profesional en 1939 y hoy no tiene valor ninguno, ni edificio, ni tesoros, ni memorias que admirar por los más fieles seguidores del pasatiempo en la Isla…

Cuando digo crisis, es descifrar por qué se suprimieron durante más de 30 años el uso de los “nicknames” o sobrenombres de los clubes, o por qué se han diseñado por décadas esos horrorosos uniformes…

Cuando digo crisis, es curiosear por qué la Revolución no ha podido edificar un estadio en el país que logre superar los estándares constructivos logrados en el Gran Stadium del Cerro (hoy Latinoamericano)…

Cuando digo crisis, es decodificar por qué la Serie Nacional nunca ha sido organizada como un auténtico espectáculo beisbolero, en vez de ser dirigida como otra “tarea del Partido Comunista”.

¿Empero, soy tan radical para pensar que no ha existido nada positivo en el curso de la mal llamada era “revolucionaria”?

A través de todas las épocas, la calidad del pelotero cubano siempre fue el factor positivo que se impuso por encima de cualquier inconveniente. Fue así cuando los españoles prohibieron el juego en la Isla en 1895, o cuando la Liga Cubana resurgió con más fuerza en 1900, cuando los amateurs resucitaron el circuito profesional en los 40 y la crisis de los hermanos Pasquel afectó el pasatiempo por esa misma época, o cuando los peloteros extranjeros se retiraron del certamen profesional en 1960.

La etapa “revolucionaria” tampoco resultó la excepción. Fue la calidad del pelotero nativo lo que lo hizo sobrevivir el baseball en Cuba con la salida de sus mejores exponentes en los años 60; los que, a pesar de las circunstancias, surgieron después y nos legaron sobradas emociones a lo largo de las décadas del 70, 80 y los 90, del siglo pasado. Hoy tampoco será la rareza.

Porque, donde se confunde el concepto de crisis es cuando se mezclan el desempeño del aparato beisbolero gubernamental y los peloteros cubanos. Pero, son dos cosas absolutamente diferentes.

La burocracia beisbolera instaurada después de 1962 no tiene nada de revolucionaria o innovadora. Al contrario, le sobra el estilo exclusivista, la administración retrógrada, las ideas insensatas, el rumbo inmovilista, la trayectoria decadente.

Me desconcierta cuando suelen criticar a la Liga Nacional de Baseball Amateur (1914-1960) por su carácter clasista. ¿Alguien me puede mencionar una institución más discriminatoria y segregacionista que la regencia del béisbol cubano después de 1962, capaz de borrar récords, hazañas y nombres del pasado y del presente, por una absurda razón política e ideológica completamente ajena del verdadero espíritu deportivo?

Resulta interesante escuchar por ahí algunos juicios que señalan a la Liga Dominicana como un circo, porque se ha convertido en la vitrina de muchos atletas cubanos (Kendry, Yasser, Alexei, Peña, etc), desembarcados de una entidad supuestamente de menor calidad.

Primero, les recuerdo que antes de la fatídica secesión de nuestra historia beisbolera en 1962, a los cubanos nos llamaban los apóstoles del baseball, no precisamente por un mero símil bíblico, sino porque no hubo, sin excepción, circuito u organización del Caribe, y mucho más allá, que no recibiera la influencia de un compatriota en el terreno de juego o fuera de este.

Segundo, esto sólo evidencia que la mitificada “ayuda” de los colaboradores cubanos en esta materia no es otro “logro del béisbol revolucionario”, sino una prolongación del espíritu misionero que nos ha caracterizado toda la vida.

No son los Yosvani, Yoennis o Yunieskis de hoy los que están en crisis. Ellos son los mismos que en su momento se llamaron Marsans, Almeida, Luque, Méndez, Torriente o González durante los años 10; Acosta, Torres, Estalella, Ortiz, Guerra, Otero o Zabala en los 20, 30, 40; Miñoso, Consuegra, Pascual, Marrero, Valdivieso, Ramos, Fernández, Peña, Cárdenas, en los 50, 60; Vinent, Marquetti, Sánchez, Isasi, Muñoz, Mesa, Linares o Casanova en los 70, 80 y 90… Unos con talla de estrellas, otros no tanto. Pero todos, absolutamente todos, beisbolistas de excepcional talento y corazón para jugar pelota caliente.

 

Fuente: desdemipalcodefanático.wordpress.com (Rogerio Manzano)

 


~ by eneascod on 15 February, 2011.

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