Antonio Muñoz Hernández: “El Gigante del Escambray” (I Parte).

En Cuba adolecemos de publicaciones deportivas y por desgracia el béisbol no escapa a esta sequía periodística. Hay que rescatar las hazañas beisboleras de todas las épocas, so pena de seguir incidiendo en la pérdida de la memoria histórica de nuestro pasatiempo nacional.

Antonio Nicolás Muñoz Hernández es por derecho propio merecedor de que se le dediquen varias obras por su calidad dentro y fuera del terreno. Este Guajiro del Escambray fue un atleta de origen campesino que voló y llegó desde el corazón de esas montanas hasta Tokío y otras latitudes muy lejanas por la fuerza de sus batazos también lejanos. Ejemplo de fuerza de voluntad, constancia, amor al deporte y también el empeño de sus entrenadores desde su descubridor que al conocer del prometedor atleta campesino lo citó para Trinidad a hacerle pruebas de aptitud y después se lo llevó para la Academia Provincial de Beisbol que radicaba en Santa Clara.

Si Víctor Mesa ha sido el mejor pelotero villaclareño, Lourdes Gourriel el espirituano y Pedro José el más grande de los cienfuegueros. Entonces podemos decir que Muñoz ha sido el mejor pelotero de posición y bateador que ha dado la región central en todas las Series Nacionales, pues la provincia Las Villas se dividió en las tres actuales mencionadas, aunque haya jugado también por Sancti Spíritus y Cienfuegos. Aquí quiero reflejar algo del talento del Guajiro, la fuerza de Muñoz, el joseo y calidad humana del Gigante, la humildad de Cuso y el bateo y longevidad deportiva del número 5 del equipo Cuba. La Sierra del Escambray –en realidad parte del grupo montañoso Guamuhaya- enclavada en el centro de la isla, es célebre por su belleza exuberante, la majestuosidad de sus montañas, los hechos históricos ocurridos en ellas y también es famosa porque en sus entrañas – cerca del pueblo Condado, actual municipio de Trinidad, otrora provincia Las Villas- nació un 17 de enero de 1949 quien llegó a ser el más grande bateador en las Series Nacionales de su época, por mucho la mejor primera base, el mejor zurdo de todos los tiempos y uno de los dos más destacados del béisbol revolucionario en unión de Omar Linares.

Creo que ha sido el bateador natural más sobresaliente de la pelota jugada en Cuba después de 1959, pues no transitó por ninguno de las categorías, etapas y centros de preparación deportiva que existen en nuestro país desde la más temprana edad, tal y como lo han hecho la aplastante mayoría de los peloteros cubanos después de 1961.

Su historia es digna de una novela o una película. A mediados de 1965, como parte de un trabajo de chequeo y captación de talentos en el interior del país, el entonces entrenador y otrora estelarísimo lanzador Pedro Natilla Jiménez descubre a ese diamante en bruto que responde al nombre de Antonio Muñoz, conocido como Cuso por sus amigos. Al regresar de su periplo Natilla dijo una frase que pasaría a la historia de la pelota cubana por su carácter premonitorio al manifestar: “he descubierto un gigante en lo último del Escambray que no se va a cansar de dar palos en esta pelota”. Y así fue, Antonio Muñoz no se cansó de dar palos y batazos de todas dimensiones y en todas las latitudes, ya sea con madera o aluminio, buen pitcheo o mediocre, estadios grandes o chicos, con radio y televisión o sin ellos, bola viva o muerta.

Durante 24 largos años, que comprendieron igual cantidad de Nacionales, la Serie de Los Diez Millones (1970) y 16 Series Selectivas, le dio gran colorido a nuestra pelota nacional, no solo por su mortífero y siempre consistente bateo, sino por su entrega total, modestia, sencillez, joseo en todo momento y combatividad a toda prueba que lo hicieron acreedor del cariño de todo el pueblo de Cuba, convirtiéndose en uno de los más populares peloteros de nuestro país en todos los tiempos.

Ver jugar a Muñoz fue un privilegio que tuvimos los cubanos que disfrutamos de sus hazañas tanto a nivel nacional como internacionalmente. Él era puro talento, era todo un espectáculo desde que se vestía de pelotero y salía a la grama, no importaba si estaba bien o mal a la ofensiva. Era sencillamente imponente verlo parado con su estilo peculiar y majestuoso en el home, que hacía temblar al más pinto de los lanzadores.

Fue un bateador slugger, pero con altos promedios ofensivos para su época, capaz de dar jonrones de grandes proporciones por cualquier ángulo del terreno. Muchos de sus dobles eran flys que parecían no caer nunca y cuando lo hacían, rechinaban con mucha fuerza contra las cercas, otros eran líneas terroríficas que impactaban con gran fuerza contra los muros.

Muñoz fue bautizado para la posteridad como El Gigante del Escambray por Juan Antonio Bobby Salamanca, el más imparcial e innovador de los comentaristas deportivos cubanos que haya conocido. Y era eso: un gigante, no solo por su somatotipo de 191 cm de estatura y alrededor de 220 libras de peso, sino por su estatura moral y atlética que lo llevó a defender con mucha gallardía los colores de los equipos Azucareros, Las Villas, Sancti Spíritus, Cienfuegos y el equipo Cuba, que lo hizo jugar muchas veces lesionado y enfermo.

Aunque lo vi por primera vez cuando ya andaba por su oncena campaña nacional, conozco que en sus primeras tres series daba lástima verlo cuando se paraba a batear y le hacía unos absurdos swines a la pelota. Fue el trabajo paciente de Pedro Natilla Jiménez, Juan Ealo y otros destacados entrenadores del patio, unido a su férrea voluntad de abrirse paso en la pelota grande, lo que produjo el salto al estrellato de ese formidable pelotero. Así se fue formando y forjando bajo el espíritu de los aguerridos conjuntos Azucareros de finales de los 60 y mediados de los 70, los que a fuerza de coraje se alzaron con tres títulos nacionales en 1969, 1971 y 1972.

Muñoz bateó tan poco en sus primeros años que cuando ya tenía jugadas cuatro campañas solo acumulaba 6 jonrones. Sin embargo, a partir de la Serie de Los Diez Millones celebrada en 1970, en que su equipo Las Villas fue campeón, comenzó a alcanzar promedios ofensivos superiores a 300 que lo convirtieron en candidato a los títulos de bateo de forma permanente año tras año. En ese campeonato alcanzó su primer liderato, triples con 9. En la Nacional 70-71 fue el líder en dobles con 19 y en la de 1971-1972 en anotadas con 51 y sublíder en bateo a solo un punto de Elpidio Mancebo, lo que unido a su rendimiento integral le valió para resultar el jugador más valioso del torneo. En ambos campeonatos fue un baluarte en el triunfo de su equipo, ya era uno de los mejores bateadores del momento, pero seguía sin producir muchos cuadrangulares.

Su tremendo paso en jonrones comenzó en la Nacional 1972-1973 en la que disparó 13, detrás de la fabulosa marca de 22 que implantó ese año Armando Capiró. Tan grande fue la ofensiva de largo alcance desplegada por Muñoz, todavía con la bola muerta y el bate de madera, que al concluir la Selectiva de 1976 ya era el segundo jonronero en la historia de nuestras Series Nacionales, solo aventajado por Armando Capiró, al que a su vez superó en la Selectiva de 1979, cuando aún el toletero capitalino estaba activo.

Muñoz fue el segundo en llegar a los 100 jonrones durante la Nacional 1977-1978, primero en llegar a los 200 en la Nacional 1980-1981 y en arribar a los 300 cuadrangulares en la Selectiva de 1986, gran hazaña si tomamos en cuenta que hasta ese momento solo 45 sluggers lo habían logrado en Grandes Ligas y de ellos apenas siete estaban todavía en activo. Fue el puntero histórico en ese departamento durante 15 años (1979-1994). Durante sus años de máximo esplendor como calificado jonronero del patio solo fue superior a él el estelar slugger Pedro José Cheíto Rodríguez, no por gusto conocido como El Señor Jonrón. Juntos conformaron el dúo de bateadores más imponente de su época y el más grande one-two de sluggers con que ha contado nuestro béisbol después de 1959. Realmente era una dupla terrorífica, metía miedo. Recuerdo que Muñoz disfrutaba los cuadrangulares de Cheíto como si fueran suyos y me atrevería a aseverar que en ocasiones los celebró más que el propio Pedro José.

Siguiendo con su trayectoria beisbolera que raya en lo novelesco, vemos como en la Nacional 1973-1974 logra su primer liderato de jonrones con 19, para empatar la segunda mejor marca de cuadrangulares para un campeonato en Cuba. También fue líder en impulsadas, anotadas, bases recorridas, promedio de slugging, extrabases conectados, bases por bolas y boletos intencionales. Sin embargo, Muñoz no fue incluido en el equipo Cuba que participó en los Juegos Centroamericanos de República Dominicana, evento que se celebró a mitad del calendario nacional.

En realidad a Muñoz le costó mucho trabajo hacer la Selección Nacional, no solo por la presencia del estelarísimo Agustín Marquetti en la inicial cubana, sino porque al parecer no gustaba lo suficiente o no convencía a algunos técnicos. Finalmente debuta en el equipo Cuba que ese propio año viaja a Holanda, líder en jonrones con 3, y por primera vez a Japón, segundo en cuadrangulares con 4. Con el equipo Cuba en 16 juegos jugados (de 20 partidos), en cuatro torneos, disparó 7 jonrones, anotó 13 carreras e impulsó a 17 compañeros. Por su actuación en esos eventos y en el IV Torneo de la Amistad celebrado en la Habana –en el que participó por lesión de Marquetti en su mano derecha- donde lidereó casi todos los departamentos ofensivos y fue el más valioso, fue elegido entre los diez atletas más destacados de Cuba en ese año.

A partir de ese momento Muñoz integró ininterrumpidamente cuanto equipo nacional se confeccionara, aunque presentaba serios problemas para poder jugar como regular, pues alternaba a veces en primera base, otras en el right field, o permanecía simplemente en el banco. También se empezó a circular el rumor que no bateaba, ni producía en eventos internacionales, motivado porque en algunos torneos de poca importancia con Selecciones Nacionales, antes de hacer el team Cuba A, en varios entrenamientos de la Preselección entre 1970-1973 y en los Panamericanos de 1975, no había rendido a la ofensiva.

Causó asombro cuando en el Mundial celebrado en Colombia en 1976, luego de estar mal al bate, despachó dos jonrones (uno por el jardín izquierdo y otra soberana línea por el derecho) y un hit, lo que lo instaló sobre .300 de average y al juego siguiente fue enviado al banco. No fue hasta los Centroamericanos de Medellín en 1978 que se le abrió un puesto de regular en eventos de primer nivel, ganado a batazo limpio, aunque al principio como octavo bate y bateador designado, poco a poco por su poderoso y oportuno bateo fue escalando mejores ubicaciones en el line up tricolor hasta lograr que la dirección del equipo lo estableciera en los turnos de mayor responsabilidad de la alineación. Causaba estupor verlo de octavo o séptimo cuando debía ser el quinto bate desde un inicio, ese turno a la postre fue el que más ocupo en el team Cuba, casi siempre escoltando a Luis Giraldo Casanova y Cheíto Rodríguez. En ese torneo centroamericano fue el líder de los bateadores con un average récord de .690 y fue segundo en jonrones conectados dentro del seleccionado criollo.

Famosos fueron sus dos jonrones disparados en la célebre tercera entrada del primer de los juegos celebrados contra Puerto Rico. En ese partido dio un total de tres cuadrangulares, uno de ellos fue por el center field contra Sandalio Quiñones, se estima que fue de 500 pies. Con posterioridad, en el torneo de Haarlem fue el líder en jonrones con 3 y en el Mundial celebrado en varias ciudades italianas fue el líder ofensivo del equipo, adueñándose para siempre de la primera almohadilla y terminó como sexto bate. En ese Mundial implantó récord en jonrones con 8, fue también líder en impulsadas y anotadas con 18 y 14 respectivamente y acumuló un average superior a .400, cuarto entre todos los bateadores del Mundial. Además, dio batazos gigantescos y en momentos claves para Cuba como el que dio contra Japón con un hombre en circulación y así empatar el choque a dos carreras a la altura del séptimo episodio, valederos para ser designado como el jugador más valioso de la cita mundialista. Ese año se discutió hasta último momento su inclusión entre los diez atletas más destacados de Cuba.

Su otro gran momento en el plano internacional, entre tantos, fue su actuación en el Mundial celebrado por primera vez en Asia, en varias ciudades japonesas. En esa cita mundialista, donde fue el abanderado cubano, fue el líder en jonrones con 7 y en impulsadas con 19. En uno de los partidos, el celebrado contra Colombia, disparó tres jonrones, marca aún vigente, los tres en forma consecutiva y si le añadimos uno que había despachado al final del juego anterior, suman cuatro bambinazos consecutivos. El segundo de los cuadrangulares conectados contra Colombia fue calificado como el más largo del Mundial, cayó en el segundo piso de la segunda sección de gradas del estadio Korakuen de Tokío. En los primeros cuatro partidos del Mundial ya acumulaba 6 jonrones, 4 de ellos contra lanzadores zurdos. A la defensa no cometió errores y sacó un out clave en el crucial partido contra los locales con una jugada de la bola escondida.

En el séptimo capítulo del decisivo juego contra Japón, celebrado en el propio estadio, le disparó un sensacional y descomunal jonrón al tercer lanzador japonés, el estelar Yukio Takemoto quien lidereaba las carreras limpias con menos de una permitida por juego. Ese cuadrangular fue al primer lanzamiento, una recta a 140 kilómetros por hora, sellando así la victoria de Cuba no solo en ese partido, sino en el Mundial, combinada con lechada del gran Braudilio Vinent de 1 a 0. Muñoz fue el héroe, a pesar de que padecía fuertes dolores en la columna desde hacía una semana. Fue seleccionado el jugador más útil de ese Mundial, allí comenzaron a admirarlo como a un dios. Al concluir ese año fue de nuevo elegido entre los diez atletas más destacados de nuestra patria y en esta ocasión también en América Latina.

Así siguió bateando sin piedad en cuanto torneo internacional participara, con excepción de la IV Copa Intercontinental celebrada en nuestro país en 1979 y los Panamericanos de Caracas en 1983, eventos en los que fue el abanderado de Cuba, pero no estuvo bien a la ofensiva, aunque sí en la entrega y en el colectivismo, detalles que lo hicieron ser designado capitán de la Selección Nacional entre 1982 y 1986. En la Copa Intercontinental celebrada en Bélgica en 1983 fue uno de los puntales de Cuba en la reconquista del título, líder en impulsadas y segundo en jonrones, aunque uniendo la etapa clasificatoria y los play off resultó el máximo acumulador de cuadrangulares con un total de 7 en diez partidos.

Al año siguiente fue un cinchete en la victoria cubana como anfitriona del XXVIII Campeonato Mundial. Recuerdo que no comenzó bien al bate por tener lesionada su muñeca derecha y asombró cuando contra Puerto Rico -a pesar de que esa noche, en el séptimo inning ya había dado un espectacular jonrón de dos carreras por el right field que empató el marcador a cuatro anotaciones- fue sustituido por Lázaro Junco como bateador emergente y dos días después fue llevado al banco. En ese campeonato le vi hacer la habilidosa jugada de la bola escondida en dos ocasiones, en ambas con resultados satisfactorios, una de ellas frente a Corea del Sur cuando sorprendió y cogió movido en primera a Hyoung Suk al tratar de adelantar despreocupadamente después de haber dado el único hit asiático frente a Julio Romero. Esa habilidosa jugada también la había hecho en Cienfuegos contra Pedro Medina en un partido de la Selectiva de 1981.

Después de cuatro juegos sin jugar regresó a la alineación como séptimo bate y debutó con jonrón de línea frente a Corea del Sur, nada extraño, pues siempre fue un verdugo de los equipos asiáticos. Al final terminó como cuarto del line up criollo, estuvo entre los primeros en los principales departamentos ofensivos, al figurar octavo en hits, quinto en average, sexto en dobles, tercero en impulsadas y jonrones, quinto en bases recorridas y líder en slugging con 1000. Fue el héroe ofensivo del juego final contra Estados Unidos en el que disparó dos estratosféricos jonrones por el left y el center field. El primero contra Roger Williams en el final del cuarto inning y el segundo frente al también derecho Mark Gardner, ambos con un hombre en bases en el final del séptimo inning. También dio un doble contra la pared del jardín izquierdo y un sencillo, valederos para impulsar cinco de las diez carreras criollas.

Antonio Muñoz es todavía el segundo pelotero que más jonrones acumula en Campeonatos Mundiales con 26 detrás de los 32 de Casanova, quien lo superó después, pero la mejor frecuencia de cuadrangulares por veces al bate en citas mundialistas está en poder del guajiro del Escambray. Muñoz llegó a ser entre 1985 y 1987 el máximo jonronero mundial en eventos internacionales oficiales, hasta que fue aventajado por el propio Casanova.

En la Copa de Edmonton celebrada en 1985 fue de nuevo uno de los pilares ofensivos de nuestro país al ser segundo en impulsadas y primero en dobles. Junto a él brillaron Casanova y el entonces novato Omar El Niño Linares. En ese torneo dio un jonrón por el ángulo que existe en el center left, parte del terreno más larga del entonces Recrew Park donde la cerca era bastante alta. Según ciudadanos de esa ciudad por esa parte nadie la había botado. Es uno de los más largos jonrones que se habían dado en esa urbe. Fue la bujía inspiradora de Cuba. Por su actuación y la fuerza de sus conexiones los aficionados lo bautizaron como el Reggie Jackson cubano, decían que había regresado ese formidable jonronero autor de más de 500 cuadrangulares en el béisbol de Las Grandes Ligas. En ese propio evento lo compararon con el también temible slugger zurdo norteamericano Willie Stargell. Anteriormente, en 1977, un especialista norteamericano lo había bautizado como el Tany Pérez zurdo.

Gracias a su fortaleza física y auto preparación se lesionó en contadas ocasiones en su larga permanencia en los diamantes. La mayoría de las lesiones fueron en sus últimos años como la ocasionada por un accidente automovilístico que sufrió cuando iba de regreso del puerto de Casilda a su casa y su auto se impactó contra una rastra estacionada, mientras él iba de acompañante de un amigo que conducía. Tuvo fractura de varias costillas y hundimiento del tórax, lo que le impidió prácticamente jugar en la Nacional 1985-1986. Al año siguiente sufrió otra lesión que solo le permitió participar en una docena de partidos, esta fue en el dedo pulgar derecho al tener un encontronazo en la inicial con Rolando Verde cuando este trataba de llegar safe a dicha base. Un pelotazo en la cabeza propinado por Orlando Duque Hernández estuvo a punto de sacarlo de juego desde los inicios de la Selectiva del 88, pero fue una lesión en el hombre izquierdo lo que le impidió participar en la mayor parte del torneo y lo obligó a tratarse en el Hospital Ortopédico Frank País. En la Nacional 1989-1990, cuando mejor estaba, otro bolazo en la cara, al tratar de fildear un batazo, lo sacó de juego en la justa mitad del calendario cuando mejor estaba al bate. Tal vez hubiera legado mejores marcas a la postre de no ser por esas ausencias en las referidas campañas, entre ellas haber llegado a los 400 jonrones.

En 1987 no fue incluido, por primera vez en 13 años, en el equipo Cuba que participó en los X Juegos Deportivos Panamericanos efectuados en la ciudad estadounidense de Indianápolis. Cuando aquello se argumentó que fue debido a su bajo rendimiento ofensivo en la temporada de ese año en comparación con otros inicialistas, aspecto que no dejó de ser cierto, pero Muñoz fue el inicialista con más carreras impulsadas en la Selectiva donde además fue tercero en boletos recibidos y estuvo entre los diez primeros en impulsadas. Creo que se le debió permitir medir sus fuerzas en igualdad de condiciones durante el entrenamiento de la Preselección de 30 peloteros de la que fue excluido antes de partir a Pastejé, México, donde los peloteros cubanos desarrollaban entrenamientos en la altura desde al año anterior.

Sin embargo, a raíz de la angustiosa victoria cubana en los mencionados Panamericanos, fue convocado nuevamente a la Preselección y después de 4 meses sin entrenar y con 38 años de edad, destripó la pelota en la Copa Meteoro de la Confraternidad, celebrada en República Dominicana. En ese torneo se alzó con la triple corona de bateo al ser líder en jonrones con 3, impulsadas con 14 y average con .714 en un total de cinco partidos. Su brillante actuación le valió para ser designado como el jugador más valioso.

Provocó emoción sus declaraciones referentes a que si no lograba otro trofeo como el que allí recibió se lo donaría a Pedrito, el hijo de Pedro Natilla Jiménez, su padre en la pelota. Ese fue su último torneo internacional con gran rendimiento, pues en la VIII Copa Intercontinental celebrada en nuestro país en el mes de octubre le salió una carnosidad en el pie derecho muy molesta que le impedía apoyarse bien y batear con comodidad, por lo que en el tercer juego fue sacado de la alineación. No pudo regresar a la misma a pesar de recuperarse antes de concluir el certamen, pues en esa ocasión fue sustituido por el villaclareño-avileño Alejo O´Reilly, quien inesperadamente fue la gran figura ofensiva del evento al comenzar bateando de 10-10, marca para el evento y resultar líder en bateo y slugging, segundo en jonrones, impulsadas, anotadas, bases recorridas y autor del cuadrangular que le dio el título a Cuba en el juego final.

Muñoz no volvió al equipo principal de nuestro país, a pesar que en la Nacional 1987-1988 fue el mejor primera base con marca personal de .365 de average y no fue llevado al tope con profesionales en Venezuela. Se cerraba así un capítulo importante de su carrera y de la pelota cubana. No obstante, siguió jugando con entrega total a favor de la causa cienfueguera y villareña durante cuatro temporadas más, algo que en su época solo lo habían hecho por su terruño, después de dejar de hacer el equipo Cuba, Agustín Marquetti y Fernando Sánchez.

Nacionalmente Muñoz ha sido el bateador que más lideratos individuales ha acumulado con un total de ocho coronas en jonrones, seis en impulsadas y anotadas, dos en hits, tres veces lidereó los dobles, una vez los triples, quince veces fue el máximo acumulador de boletos recibidos, once en boletos recibidos de forma intencional, cuatro veces fue el líder en flys de sacrificio, en una oportunidad fue el puntero en pelotazos recibidos y en siete ocasiones fue el primero en bases recorridas y en promedio de slugging. En total logró 71 títulos individuales en diferentes departamentos y épocas entre 1970 y 1990. Fue el primer pelotero en jugar en cuatro décadas (60, 70, 80 y 90). En las cuatro décadas dio cuadrangulares, en la del 70 fue el líder y en la del 80 el noveno entre los máximos jonroneros.

Como verán, los que no lo vieron jugar, y como recordarán, los que disfrutaron de su desempeño estelar, su rendimiento longevo fue muy consistente. Tuvo muchas campañas nacionales muy buenas, solo me detendré en algunas de ellas y en particular mencionaré algunas de sus hazañas que más me impresionaron.

En la Selectivas de 1978, 1983 y 1985 fue pieza importante en la conquista de dichos campeonatos por Las Villas. En la del 78 escoltó a Cheíto en jonrones e impulsadas, además de encabezar las anotadas y boletos. En esa serie se convirtió en el bateador que más veces había dado dos jonrones en un juego con 13 y en la noche cienfueguera del 6 de mayo estuvo a punto de dar por primera vez tres jonrones en un juego, pero un fenomenal fildeo del center field capitalino Reinaldo Mantecado Linares se lo impidió.

En la Selectiva de 1979 logró su mayor cantidad de jonrones con 25 en 59 juegos que celebró su equipo, para constituir hasta ese momento la segunda mejor marca de jonrones para un evento nacional. Sus 25 cuadrangulares fueron en apenas 180 veces al bate, para lograr el mejor promedio de jonrones por turnos oficiales que haya logrado un bateador en torneos selectivos, nuestros eventos élites por excelencia, al conectar uno por cada 7.20 e impulsar carrera cada 2.69 veces al bate. Ese año faltó a 15 partidos por molestias, ¿cuántos más hubiera bateado?, tal vez habría podido romper la marca de 28 cuadrangulares de su amigo Cheíto Rodríguez, llevaba una progresión para terminar con 31. Muñoz fue el bateador de mejores resultados ofensivos en la historia de las Selectivas en los capítulos de los jonrones y las impulsadas.

En ese campeonato implantó una marca no fácil de igualar o romper, pues en tres ocasiones conectó tres jonrones en un juego durante un mismo campeonato. La primera fue el sábado 24 de marzo contra Orientales en el Guillermón Moncada, noche en la que disparó dos de sus más largos jonrones y donde estuvo a punto de dar cinco cuadrangulares, pues sus dos últimos batazos fueron contra la antigua pizarra y la alta cerca de ese estadio por el jardín izquierdo. La segunda fue el 8 de abril contra el fuerte pitcheo de Pinar del Río en el Mártires de Cabaiguán y la tercera ocasión fue el primero de mayo en el 5 de Septiembre contra Camagüeyanos. En total en cuatro oportunidades dio tres jonrones en un juego durante nuestras campañas nacionales, pues el 4 de abril de 1981 le repitió la dosis a los pinareños en el estadio Victoria de Girón de Sancti Spíritus. Esa fue marca absoluta durante años hasta que fue superado por Orestes Kindelán que lo logró en siete oportunidades.

En la Nacional 1978-1979 fue el líder del equipo Sancti Spíritus, representativo de su provincia natal (después de la nueva división política-administrativa). Gracias a su labor esa provincia conquistó su única corona nacional. De ese campeonato es famoso un cuadrangular kilométrico que le disparó a Las Tunas en el pueblo de Zaza del Medio y otro que conectó que sobrevoló el hospital provincial de Sancti Spíritus. Al concluir esa temporada figuraba entre los primeros en varios de los más importantes departamentos ofensivos históricos: cuarto en average, tercero en anotadas, y dobles, primero en jonrones (4 más que Armando Capiró) y boletos intencionales, segundo en impulsadas (a solo 12 de Capiró) y bases por bolas, y sexto en total de bases recorridas.

Ya en 1978 era un pelotero con impresionantes números históricos que los incrementó con consistencia simpar, coincidiendo con su debut como regular en el equipo Cuba. Entre 1977 y 1981 no se le podía pitchear. En cada una de esas cuatro temporadas dio más de 30 jonrones y eso que lo boleaban continuamente, nadie puede pronosticar cuantos cuadrangulares hubiera disparado de no recibir tantos boletos. Desde hacía varios años ya era el más completo de nuestros grandes bateadores y jonroneros. Realmente Muñoz estuvo por encima del nivel de la pelota cubana durante mucho tiempo y eso que jugó en la etapa de oro de las Nacionales. Si un bateador me hubiera gustado ver jugar en Grandes Ligas fue precisamente el, pues calidad le sobraba, además de sus deseos inmensos de jugar beisbol que merecían lo hiciera en uno más competitivo.

En 1981 alcanzó su average histórico más elevado: .305, el sexto de por vida. Desde 1977 había alcanzado la entonces mítica cifra de .300 de promedio ofensivo histórico y nunca más la perdió. Hasta 1983 estuvo entre los diez primeros bateadores históricos. Después de 1981 notamos que se dedicó a dar más dobles, aunque siguió conectando buena cantidad de jonrones hasta que comenzó a bajar su curva de rendimiento a partir de 1986.

Nadie puede pronosticar cuanto habría bateado Muñoz si desde sus inicios hubiera disfrutado de series con más juegos (las Selectivas aparecieron y las temporadas se alargaron en su octava temporada), bate de aluminio que disfrutó a partir de los 28 años y de la bola viva que apareció cuando sobrepasaba los 35 abriles, al igual que un mejor bate de aluminio. Digamos que buena parte de su mejor momento fue en esas adversas condiciones, aunque suena especulativo en lo personal considero que tenía grandes posibilidades de conectar 475 jonrones y mejorado aún más sus otros impresionantes números de jugar siempre con aluminio y Selectivas.

Si alguien lo duda baste decir que con el bate de aluminio (en sus últimas 14 temporadas) en frecuencia de jonrones por veces al bate solo lo superan Romelio Martínez, Pedro José Rodríguez, Orestes Kindelán, Lázaro Junco y Omar Linares. En promedio de impulsadas con el barquillo metálico solo lo aventajan Pedro José y Orestes Kindelán, mientras que en slugging escolta a Linares, Kindelán, Cheíto Rodríguez y Luis Giraldo Casanova. Con la madera fue el segundo mayor jonronero con 87, detrás de los 101 de Armando Capiró, mientras que su frecuencia por veces al bate fue de 26.07, detrás de la 23.53 de su compañero Cheíto (en menos de la mitad de comparecencias de Muñoz) y superior a la 27.71 de Capiró. (Fin de la I Parte).

 

Fuente: Baseballdecuba (Fernando Rodríguez Alvarez; Fragmento del Libro de su autoría: Del Escambray a Tokío.)

~ by eneascod on 21 January, 2011.

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